Yhavé, Cristo y Alláh son un problema

25 noviembre, 2015

Lo más probable es que los dioses no existan. Es lo más probable. Muchos dioses ya están tan superados que hoy resultan una curiosidad antropológica: los del Olimpo, los del Panteón romano, los mesopotámicos, mesoamericanos, egipcios, los germánicos, etc., todos estos están amortizados. Nunca dieron un ruido; sirvieron en su momento con más o menos crueldad o empatía y nadie se peleaba por culpa de ellos. El problema surge con Yhavé, Cristo y Alláh. Estos tres campeones son el problema… —de todos modos, para ser justos, dejaremos aparte a Yhavé, que siempre se ha conformado con ser el único dios del pueblo elegido, sin más aspiraciones propagandistas—. Pero su primera derivada (Jesucristo) y su segunda derivada (Alláh), sí son un problema endiablado porque sus fieles se empeñan en que sean los dioses de todo el mundo, quiera la gente o no quiera.

Lo más probable es que las religiones no sean malas per se. Siempre hay creyentes de buena fe en todos lados. El problema surge cuando un listo la extrae de un contexto íntimo y la utiliza públicamente para justificar lo que le place a él… Es entonces cuando una mesnada de ignorantes le hace caso y le sigue.

Listos siempre hay, e ignorantes ya se encargará el listo de mantenerlos así. Pasó con el cristianismo desde que se alzó con el poder terrenal en las postrimerías del imperio romano, pero, afortunadamente en occidente lo pasamos por el filtro de un siglo de luces y razón, y por una revolución francesa… es lo que les falta hoy a los islamistas, que deberían pasar —vuelta y vuelta— por un siglo de razonabilidad.

Los actos terroristas de París nos demuestra otra vez que las religiones son una excusa peligrosa en malas manos. Y que malas manos siempre las hay… máxime cuando el imperialismo occidental les ha dado a los islamistas grandes argumentos para crear estos monstruos. En esta época les toca a los islamistas ser los exterminadores visibles, como antaño lo fuimos los cristianos… que masacramos con verdadero placer —y justificación celestial— a brujas, judíos, infieles y herejes con tal de conquistar los mundos terrenales. Exactamente lo mismo que hoy hacen los yihadistas, sabiamente dirigidos por los listos de turno… claro.

La bestialidad de estos asesinos llama a la racionalidad del resto. Es decir, racionalmente sabemos que no todos los musulmanes son yihadistas. Pero, en todo lo que está pasando, echo en falta el siguiente paso que sería un salto verdaderamente razonable: la laicidad del mundo. Falta laicidad en el mundo. Falta separar radicalmente la sociedad civil de la religiosa. Falta interpretar la realidad sin el concurso de dioses que premian la docilidad y castigan la rebeldía… y falta poner en evidencia a los poderes que generan y manipulan a los crédulos, sean yihadistas o cruzados, buenos musulmanes o buenos cristianos.

Estos días he visto y oído la soflama de un alfaquí muy  listo interpretando el Corán. Decía a los oyentes (todos hombres, por supuesto) que las mujeres musulmanas SÍ podían depilarse el entrecejo, pero nunca las cejas para dejarlas finitas. No sé… pero si los dioses existieran no deberían preocuparse del entrecejo de las mujeres musulmanas, ni de la anchura de sus cejas… y si se preocupa por esas cosas es que es un dios misógino y muy malamente diseñado, como el Yhavé del Antiguo Testamento. Habría que reinventarlo de otra manera. Hay cosas y opiniones que no son respetables, vengan de donde vengan.

Bula_Oratorio_Populo_PS_WEB_20151121_135047Lápida en el Oratorio del Pópulo, Cádiz

Pero no hay que irse a lodazales ajenos. Servidor, educado en plena vorágine nacionalcatólica española por los listos de turno, ha creído fielmente cosas que hoy resultan desternillantes, he creído a pies juntillas tonterías a cual más indecente y criminal… más estúpidas incluso que las dimensiones adecuadas para el entrecejo de las hermanas musulmanas.

El mismo día que escuché al experto en entrecejos islámicos, visité el Oratorio de la Virgen del Pópulo, en Cádiz, y pude leer una lápida que explicaba que el papa Benedicto XIV había entregado una bula (1755) por la que por cada misa que se celebraba en tal capilla «…se saca un alma del purgatorio todos los lunes y viernes…» y que luego vino otro papa, Pío VI (1795), con otra bula para completar la semana «…en cada misa se saca un alma del purgatorio todos los domingos, martes, miércoles, jueves y sábados…»

Juro por Dios que esto no es un chiste… Es real.

Si los dioses no existen, que es lo más probable, no sé cuál de los dos insultos a la decencia del ser humano es más grave, el del entrecejo depilado de las musulmanas o este truco para sacar almas del purgatorio.

Sí… además de castigar a los criminales y cortar los cauces de financiación del Estado Islámico, aquí, en nuestra casa, deberíamos dar pasos hacia una sociedad más razonable. Sobran comportamientos a-racionales y también falta laicidad en este mundo.

 

…por la culpa de unos muertos

25 noviembre, 2015

Acabo de oír que el municipio de Calasparra desea recuperar la basura espacialque cayó en sus campos hace unos días. La quieren exponer públicamente para atraer a curiosos y sacarle una pesetillas a la cosa…

Basura_Ecce_Homo

…y eso me recuerda aquella desastrosa restauración del Ecce Homo del Santuario de Misericordia de Borja (Zaragoza), que al final era tanta la gente que quería ver el desastre que tuvieron que pedir un euro por cada vistazo a la obra.

Calasparra y Borja, dos pequeñas poblaciones españolas que se agarran a un clavo ardiendo para buscar incentivos y atraer visitantes. En ambos casos les cae del cielo (nunca mejor dicho) una ocasión que no desaprovechan, por minúscula que sea…

…y, sin embargo, aquí, en San Fernando, la vieja Isla de León, hemos descubierto, en el antiguo Polígono de Tiro Naval Janer, OTRA necrópolis fenicia. En este caso tiene (creemos que tiene, porque existe un secretismo notable sobre el informe arqueológico preceptivo) cerca de cuarenta estructuras funerarias y varios alfares fenicios y romanos, concentrado todo eso en pocos metros cuadrados…

…que vamos a dejar enterrados porque quieren construir OTRO jodido y vulgar parque empresarial y comercial justamente encima. Pero el colmo de la estupidez es que ya tenemos en la ciudad dos parques industriales vacíos y sin actividad, y tenemos en el entorno de la ciudad no-sé-cuantos centros comerciales… Servidor conoce y comprende cada vez menos cosas, pero veo que aquella linde de expansiones burbujeantes se ha acabado, y veo que los tontos siguen en sus trece. Siguen pensando que progresar es construir castillos en el aire sin que exista en el suelo-real una pujanza empresarial sostenible.

Amantes_San_FernandoLos amantes de San Fernando. Necrópolis neolítica del Campo de Hockey

Son notables las voces que se alzan contra la estulticia de ningunear el yacimiento de Janer, pero por lo que se ve, los intereses económicos de unos, y la demagogia de algunos políticos, se superponen a la visión de un futuro económico radicalmente sostenible. Basado en lo que realmente enriquece a San Fernando y nos hace singulares: nuestra historia y el patrimonio histórico que la nutre (sin olvidar un Parque Natural extraordinario)

En eso sí que somos afortunados. No tenemos que esperar que nada nos caiga del cielo. Lo tenemos enterrado en nuestro suelo. Y eso es, en buena lógica, lo que deberíamos potenciar en pos de un futuro mejor. Pero no… el ex alcalde dijo en su día que por culpa de unos muertos había que retrasar las obras de un parque empresarial para el que no hay empresas. Y, por su lado, la actual alcaldesa, por el momento, ni está ni se la espera en la defensa del patrimonio arqueológico de Janer. ¡Ojalá me equivoque!

Y no es la primera vez que ocurre esto en San Fernando. Ya tenemos OTRAnecrópolis, esta del neolítico, de hace 6000 años de extraordinario valor histórico y visual… enterrada debajo de un vulgar campo de hockey.

Y servidor sigue sin entender…

El espía español tiene una sonrisa encantadora

8 noviembre, 2015

Publicado el 8 de noviembre de 2015 en el periódico digital El Castillo de San Fernando

Nos han impuesto un corsé intelectual que condiciona nuestro entendimiento. Lo hace la familia, la sociedad, la religión… Es un filtro de estampas, de poses y de ejemplos que determinan cuales van a ser nuestros valores y nuestra ideología. Simplemente tiene que ser así. Es inevitable transmitir a los hijos nuestros propios convencimientos y, sin quererlo, también nuestra frustraciones…

Pero, frente a esta impronta que condiciona nuestra visión del mundo, deberíamos, llegado el momento, aplicar el conocimiento adquirido en la vida y, si nuestra educación ha sido correcta, aplicar inteligencia crítica sobre las convicciones iniciales. Si no hacemos esto, viviremos siempre en una sociedad estancada, sin evolución y esencialmente gris.

Aplicar la revisión crítica a cualquier convicción social es el mejor seguro para progresar como sociedad…

…hoy he visto que en mi ciudad se ensalza la crueldad como algo normal, valioso y estético. Por primera vez en mi vida, harto de ver el mismo conjunto escultórico cientos de veces, he sido consciente del penoso espectáculo que ofrece. La revisión crítica personal ha podido finalmente sobre el poso cultural que nos condiciona: si me enseñaron que el torero matando a un toro es arte, hoy lo percibo como un crimen.

Pero esto es sólo un ejemplo pequeño. Hay miles de asuntos que aceptamos como valores indiscutibles…  Estamos hartos de ver y oír en las series y películas norteamericanas que los patriotas tienen que «tomar decisiones», sin importar cuales sean, para defender el modo de vida americano, es decir, para que el imbécil de turno pueda seguir comiendo hamburguesas y despilfarrando recursos insustituibles  en su Arkansas natal… Ayer mismo vi a Meryl Streep, metida en el papel de madre de candidato a la presidencia de ese Gran País, decir que su padre (que debía ser otro patriota) «no iba preguntando por ahí qué estaba bien y qué estaba mal, simplemente tomaba decisiones…»

Y ese concepto indecente que consiste en aceptar que en política no puede haber ética («si eres paloma te comen los halcones»), se ha convertido en una verdad indiscutible en casi todos los aspectos de la vida… Pero no hay que irse lejos, lo tenemos aquí…

El espía español del CNI tiene una sonrisa encantadora. Es un hombre que cae bien al instante. Cautiva desde que abre la boca y desgrana un discurso sosegado y apacible, plagado de sonrisas…

«El 15 de abril de 1986, las fuerzas armadas norteamericanas desarrollan una operación denominada El Dorado Canyon. Bombardean Libia, varias ciudades y bases. Y yo estaba allí»

Así comenzó una charla encaminada a desfacer entuertos y malos entendidos sobre la inteligencia española. Dejó clara tres cosas: que es indispensable tener una inteligencia en el mundo real; que en este negocio no hay amigos o enemigos, sólo hay intereses puntuales y cambiantes; y que hay que ser un «idealista» y un «patriota» para dedicarse a esto. Ese idealismo y ese patriotismo es precisamente lo que deberíamos revisar críticamente.

Lo presentaron como un hombre íntegro, desprendido, dado a ayudar a cualquiera, miembro de varias asociaciones cristianas, etc. Lo que dijeron de él y lo que se vislumbró mientras hablaba diseñaban a un señor ciertamente singular. Estoy sinceramente convencido de ello. Personalmente me cautivó este hombre.

…pero no dijo qué hacía en Libia el 15 de marzo de 1986, mientras la aviación de Estados Unidos lanzaba bombas de dos toneladas buscando matar a Gadafi. No le importó a Reagan si en el intento murieron civiles y una hija adoptiva de coronel. El ex actor tampoco se preguntó si estaba bien o mal, los patriotas no andan perdiendo el tiempo haciéndose preguntas, para eso están los filósofos y los moralistas, simplemente tomó una decisión… exactamente igual que hizo Gadafi cuando ordenó poner bombas a diestra y siniestra. Lo mismo hacen los israelíes cuando pulverizan un edificio de cinco plantas en Gaza si detectan que dentro puede estar algún líder de Hamás… y si hay vecinos, no es su problema. Y como estos adalides de la libertad y decencia, tenemos miles de idealistas patriotasislamistas dormidos y esperando la orden de inmolarse porque dicen que Alá es grande…

No, nuestro espía no dijo qué hacía en Libia porque no puede ni debe decirlo. Tal vez porque inherentemente todas estas tareas sean un secreto inconfesable.

¿Qué ética justifica el comportamiento de nuestros espías y de nuestros políticos? El espía español no habló de la moral que justifica un asesinato preventivo, habló de intereses, de asuntos radicalmente pegados al suelo, sin ensoñaciones idealistas de buenos y malos… No se puede ser ingenuo en este mundo, y el que lo haga se extingue en un cuarto de hora porque una paloma no sobrevive a un enjambre de halcones. Hace poco escuché a un militar español —también relacionado con cuestiones de inteligencia— decir abiertamente que para ser alguien en política internacional hay que poner muertos españoles encima de la mesa… ¿cómo creemos que tenemos un puesto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas? Pues con soldados españoles muertos en Líbano, Afganistán, Irak… así se consigue estar donde se deciden las cosas, en las mesas donde se reparte el pastel del mundo y donde el imperio reparte los premios a la lealtad. Y así, con soldados españoles muertos es como se construyen trenes españoles en Arabia Saudí, o centrales solares en no-se-dónde… con soldados que mueren pensando que lo hacen por su patria, con familias que lloran suponiéndoles héroes que defienden causas nobles. Pero no hay nobleza en presentar muertos para quedarse con un negocio en un país de sátrapas. Hay algo que huele a podrido en todo esto. No hay moral… y no me refiero a una ética basada en principios religiosos, me refiero a un comportamiento amparado por unos derechos humanos mínimos y aceptables por todos… que se oponga a la ley del más fuerte.

Como especie deberíamos superar este darwinismo social y despertar a un comportamiento cooperativo, o no tendremos arreglo.

Miles de muertos yacen en el Cementerio de los Soldados

29 octubre, 2015

Este artículo se publicó el 1 de noviembre de 2015 en el periódico digital El Castillo de San Fernando

«Hay en San Fernando, a orillas de la Bahía de Cádiz, muy cerca de la llamada Casería de Osio, un cementerio olvidado pero repleto de historias y de algún héroe anónimo»

Parecía la cabeza de un fémur humano pulido por el mar. Había perdido la superficie ósea y se apreciaba la filigrana esponjosa del interior. Lo encontré en la orilla de la bahía, detrás del Cementerio de los Soldados (…de San Carlos, de los franceses o de la Casería, que de tantas formas se nombra) Lo más probable es que perteneciera a un soldado o marinero español fallecido en el Hospital de San Carlos durante el siglo XIX. Es lo más probable.

Hay más de cinco mil setecientos muertos enterrados en ese camposanto de la Isla (5.782 exactamente) Fue un cementerio católico, y hoy apenas es un solar abandonado y rodeado parcialmente de muros ruinosos. No tiene cruces, es un camposanto sin lápidas y sin epitafios. Nadie lo visita cada primero de noviembre. Nadie limpia los nichos… porque los nichos se derrumbaron hace lustros. Nadie lleva flores ni llora a sus muertos, porque nadie recuerda a los difuntos que allí reposan. Los restos de todos ellos forman parte de una tierra que nutre la matalahúva que crece salvaje en el solar. No tiene puertas el Cementerio de los Soldados, y el calor lo abrasa, y los vientos lo barren, y la lluvia lo empapa…

No sabemos quién tuvo el dudoso honor de inaugurarlo. Podríamos suponer que fuera el primer prisionero francés que falleció el 20 de febrero de 1809 en el recién abierto Hospital de San Carlos (centro sanitario provisional que se habilitó expresamente para atender a los prisioneros franceses, y evitar así un desastre humanitario en las poblaciones de la Bahía de Cádiz) Este anónimo primer inquilino del cementerio pudo ser un marinero rendido con la escuadra del vicealmirante Rosily o algún soldado del general Dupont derrotado en Bailén. No lo sabemos. Lo que sí aseguramos es que fue uno de tantos franceses que padecieron el penoso encierro en los pontones-prisión anclados en mitad de la bahía gaditana.

Los dos primeros enterrados en el Cementerio de los Soldados, de los que tenemos conocimiento, murieron el primero de agosto de 1809 en el Hospital de San Carlos. Ambos, el sargento Jean Pinot, preso en el Cuartel de San Carlos, y el soldado Jean Brull, prisionero en el pontón Terrible, fueron atendidos de sus enfermedades en dicho hospital —condición indispensable para ser enterrado en su cementerio asociado—. Un total de trescientos trece franceses se inhumaron en él entre agosto de 1809 y febrero de 1810… y nada los recuerda. Ni una cruz, ni una lápida, ni un hito. Nada.

Y cuando en febrero de 1810, el mariscal Víctor puso sitio a las islas gaditanas, todos los prisioneros franceses, sanos o enfermos, fueron devueltos a los pontones. El Hospital de San Carlos se desalojó y se preparó para atender a los heridos españoles. Pero curiosamente, el primer muerto registrado no es un soldado, sino la hija de un empleado del hospital: Matea Callejas. Natural de Robledillo, huérfana de padre e hija de Manuela Cubillo, que se había casado en segundas nupcias con José Hernández Thomé, comisario de sala de dicho hospital. Matea falleció el siete de abril de 1810.

Y después de Matea el Cementerio de los Soldados acogió, entre 1810 y 1911, a 5.468 españoles fallecidos. Y entre ellos a los más de novecientos muertos en la defensa de La Isla de León durante el asedio francés de 1810 a 1812. Estos, y muchos más, defendieron la independencia del reino «…cuando España era una isla». Todos ellos cayeron mientras a sus espaldas se gestaba la primera constitución de nuestra historia. Y nada los recuerda en la vieja Isla de León. Ni siquiera un pequeño hito en el cementerio que los acogió rememora su sacrificio. Nada.

Reposan en la tierra del cementerio una veintena de franceses pertenecientes a los Cien Mil Hijos de San Luis; cinco hermanas de la Caridad; tres ahorcados y descuartizados; mujeres, niños, y también reposa Alberto Diz, un pobre mozo que trabajaba en la botica del hospital, y que cayó al pozo de la cocina el uno de enero de 1857. Mal empezó el año para el pobre Alberto. Y hay enterrado un pobre chaval de catorce años, aprendiz de carpintero, que se cayó de las gradas del arsenal mientras trabajaba en la reparación de la fragata Princesa de Asturias. Así mismo están inhumados en nuestro cementerio más de quinientas víctimas de la epidemia de fiebre amarilla de 1819; y más de setecientos prisioneros carlistas que murieron de enfermedad entre 1837 y 1841. ¿Qué hacían esos prisioneros carlistas en la Isla de León? Sí, hay muchos muertos y muchas historias enterradas en el Cementerio de San Carlos… y nada los recuerda.

El último enterramiento del que tenemos constancia documental ocurrió el seis de septiembre de 1911. Ese día el capellán del Hospital de San Carlos, don Daniel Burgos, mandó «dar sepultura eclesiástica en el cementerio del establecimiento al cadáver de Manuel Teiro Muiños», un gallego de Sada que fue marinero de la dotación del Carlos V. El pobre había muerto el día anterior de fiebres tifoideas. Tenía veinte años y era soltero.

Y ojalá el pobre galleguiño fuera el último enterrado en el viejo cementerio. Ojalá, porque si los muros hablaran conoceríamos la áspera voz de los fusilamientos, y tal vez pudiéramos poner nombre a los republicanos muertos, víctimas de una represión criminal que permanece impune. Hombres asesinados sin juicio y echados tal vez al osario común. Nunca sabremos con seguridad quienes fueron los últimos enterrados en este viejo cementerio… y nada los recuerda. Nada.

Este camposanto es un valioso patrimonio histórico y cultural de San Fernando. Está declarado Bien de Interés Cultural y Lugar de Memoria Histórica por la Junta de Andalucía, pero su ruina es un homenaje a la desidia general y un reto a la imaginación reconstructiva. Es un camposanto sin cruces, sin lápidas y sin epitafios. Más de treinta y una toneladas de huesos humanos reposan en ese solar, pero no hay nada, ni el menor hito, que los recuerde. Y todos esos muertos merecen respeto y nuestra memoria. ¿Seremos capaces de hacer lo necesario?

La caridad no es la solución, amigo

27 octubre, 2015

Y menos aún si es una caridad que se auto exhibe para demostrar la propia bonhomía. Hacer eso será muy cristiano y allanará tu camino al Paraíso Celestial… pero demuestra tu ordinariez. Me refiero a exhibir la caridad —donar ropa y víveres al comedor social del Pan Nuestro, ir al super para entregar la compra a un vecino necesitado, o hacer otra por valor de trescientos euros para Caritas Parroquial de la Ardila— y contarlo después para justificar tu compromiso (¡qué sabrás tú lo que hacen los demás en silencio!)

Pero, fíjate, ser consciente de las necesidades de la gente —como demuestras—, y seguir aplaudiendo a los partidos que han propiciado las políticas que nos han llevado a esto, es muy propio de gente como tú. Gente extraña y abundante, por desgracia. Las personas como tú siguen votando a los corruptos que, además, gobiernan abierta y descaradamente contra ti. A los ciudadanos como tú no les importa votar a políticos que son franquicias de intereses que no son los de la gente común, como tú y como yo. Esos políticos defienden a las grandes corporaciones por encima de tu salud y por encima de la educación de tus hijos y nietos. Votáis a partidos que os empobrece y seguís con sus banderitas al viento y sonrisa de bobalicón… La gente como tú es gente deprimente.

Caridad

El sistema neoliberal que nos gobierna —y que tú votas— es un sistema inherentemente injusto porque genera desigualdad a ritmo logarítmico. La gente tiene derecho a una vivienda digna, a una sanidad y a una educación excelentes, y también a una vejez segura… Pero para estas políticas neoliberales nuestros derechos son gastos aberrantes que no producen beneficios. Nuestro bienestar nunca debe depender de la mayor o menor caridad de los que pueden ser caritativos. Los ciudadanos somos sujetos de derechos, no objetivos de la caridad de nadie.

Por mucho que se empeñe en repetir nuestro presidente, las políticas que viven en los genes ideológicos de su partido, son políticas que propician un darwinismo social salvaje… ellos preparan la cancha y luego, sálvese quien pueda porque el Estado no va a intervenir en la sacrosanta libertad de los mercados. Y eso es el germen de un desastre social…

Yo no sé si entiendes esto, porque no sé si hablamos el mismo idioma. A veces me parece que no entiendes nada de lo que te digo porque no hay más sordo que el que no quiere oír… Utilizar la caridad de los ciudadanos para mejorar la calidad vital de las personas que nos rodean será un estupendo acto cristiano, pero es un fracaso colectivo como sociedad. Yo exijo a nuestros gobernantes que regulen la redistribución de la riqueza para amparar a todos los ciudadanos, y que generen una total igualdad de oportunidades para todos. Es decir, quiero que todos, y los que me gobiernen los primeros, trabajemos para hacer una sociedad más justa y no esta cosa que nos han impuesto a traición y con engaños.

Amigo mío, en una sociedad justa la caridad es un trasunto personal y discreto que jamás debe sustituir las obligaciones del Estado. La solidaridad institucionalizada, regulada y blindada por ley, es lo que debe solventar las situaciones de indigencia y abandono.

Y mientras tanto, menos golpes caritativos de pecho y más pelea para que se apliquen políticas sociales, agresivas y humanas.

Querías una respuesta a tus palabras. Me lo has puesto a huevo.

Gente extraordinaria: Lucho

17 octubre, 2015

Había viajado por todo el mundo pero yo le conocí en Cádiz, donde la luz del atardecer enamora. No sé… siempre se nos olvida que nuestros paisajes cotidianos pueden resultar extraordinarios para el que los mira por primera vez. Eso le pasó a Lucho, que se remansó en la Caleta y fue aquí donde dejó de huir y empezó a dejar que el mundo y la vida pasaran por delante de él, sin interferir…

…pero no sé, la verdad. Lo mismo no fue la luz de la Caleta, o el paisaje y el paisanaje de Cádiz, a lo mejor lo que le hizo varar en la orilla fuera Silvia.

Mirando_Amanacer

Teníamos amigos comunes y por eso nos veíamos ocasionalmente. Y desde el principio supe que era un tío singular. Se nota cuando el bagaje de alguien no es fruto de lecturas, sino de viajes, de conversaciones y de experiencias vividas en la propia piel. No da la mano, te abraza. Recuerda en qué punto dejamos la conversación de hace dos meses. Pregunta por el asunto que tenías entre manos la última vez… Y a fuer de pequeñas conversaciones aprendí algunos retazos de su vida. No fue fácil, porque no era mi intención conocer más allá de lo que él mismo quisiera contar y porque no suele hablar de sí mismo… casi siempre era Silvia la que nos iluminaba con detalles de su vida.

De familia acomodada, más bien incrustada en la élite sociológica que mantuvo a la dictadura militar en Argentina y, por tanto, cómplice silenciosa de los crímenes. Sin apuros económicos. Comenzó a trabajar en el banco de su padre. Su futuro era prometedor y estaba asegurado… pero Lucho escapó pronto de esa vida encorsetada. Por injusta y por asfixiante. Nunca sabemos exactamente cómo o en qué momento se conforman nuestras convicciones vitales… a veces sólo somos conscientes de ellas después de un ramalazo irracional. Algo así le debió suceder a Lucho. Simplemente tuvo que huir de la vida regalada.

Se marchó y se ganó la vida seduciendo con su acento argentino y aprendiendo a renunciar a las necesidades impuestas e inútiles. Aprendiendo a disfrutar de los momentos que regalan nuestros días, en cualquier instante y en cualquier lugar. Viajó para visitar a amigos en Francia y Suiza. Aprendió a tocar extraños instrumentos musicales en la India y Vietnam. Y contempló cientos de amaneceres en cientos de sitios distintos… sin prisas, sin corbatas, sin horarios. Enseñó italiano, inglés y español en cada uno de esos lugares. Y acabó —no sabe explicar exactamente cómo— remansando en Cádiz, como un río en su tramo medio.

Pues han pasado algunos años y no se le desdibuja de la cara la satisfacción de ver el paisaje de cada día como si fuera la primera vez que lo encuentras…

¡Cómo coño lo hará el cabrón!

Déjalo estar por hoy

5 octubre, 2015

Es mejor que hoy no escriba. Sería mejor dejarlo estar. Hay tantas cosas injustas en tu entorno que no sabes por dónde empezar. Existen cientos de cosas y casos por los que reventar, muchas de ellas cercanas y dolientes… y, sin embargo, hoy he caído en picado cuando he sabido que a una doctora en Historia del Arte, que llevaba cuatro años desempleada, la han subcontratado para dar clases por un año. Estaba contenta. Resignada. Mejor esto que nada, ¿no?

Y hoy no tengo palabras ajustadas para nada, sólo ganas de matar a alguien… pero tal crimen no serviría para torcer lo más mínimo la mierda de sociedad que tenemos, todo lo contrario: me convertiría en carne de represión ejemplar, en una coartada modélica para que el poder ejerciera su autoridad falsamente democrática. Sólo para eso serviría.

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Yo estaría de acuerdo con la idea que va creciendo inevitablemente entre la gente, que las situaciones injustas generen una resistencia-desobediencia civil, no violenta, responsable, solidaria y universal. Ese debe ser un camino para apear del poder a la dictadura financiera que gobierna todos los aspectos de nuestra vida. Este gobierno del Máximo Beneficio Privado es el verdadero cáncer y causa de la desigualdad logarítmica que avanza por todo el planeta globalizado. Ese concepto (Máximo Beneficio Privado), como leitmotiv del mundo, debería ser desgajado de las entendederas y colocar en su lugar la felicidad del ciudadano.

Sí… hay días que es mejor no escribir nada. Días destinados simplemente a pasar. La pena es que los días, por malos que sean, son irrepetibles.

Nacionalismos

25 septiembre, 2015

No me gustan los nacionalismos. Me parece que los ciudadanos tenemos derechos y deberes por el simple hecho de ser ciudadanos, no por ser oriundos de uno u otro país. Nadie decide donde nacer. No podemos evitar ser de Ghana, Siria, Estados Unidos, España, Cataluña o cualquier otro lugar. Ser de un sitio o de otro no debería añadir ni quitar ni un solo de los derechos y deberes que todos tenemos como seres humanos. La condición de individuo debería ser el centro de todo el debate, y no su pertenencia a una nación, estado, grupo ético o nacionalidad, porque ya no estamos en las etapas infantiles de la sociedad, donde la nación, como trasunto de la vieja tribu, era un invento impostado y útil. Hoy ya sabemos que la nación es un concepto modelable a voluntad de una élite, y útil para los que se benefician de tal concepto, no para el común de la gente. En mi parecer cualquier individuo es mejor que cualquier concepto decimonónico.

…pero, nos gusten o no, existen los nacionalismos. Están ahí. Cada uno se siente más identificado y en armonía rodeado de los suyos, de los de su misma cultura, de los que defienden los mismos valores. Sí, están ahí… y se asume. Es inevitable. Pero lo que no soporto es cuando un nacionalismo se reinventa hasta creerse mejor que otro.

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No entiendo que los ciudadanos de Cuenca (Cuenca o Tetuán, por poner ejemplos) tengan que decidir cómo tienen que gobernarse los catalanes… por mucho que la constitución así lo diga. No soporto que algunos descerebrados nacionalistas catalanes provoquen a los legionarios en su sede de Barcelona. Y no soporto que estos cavernícolas se arropen de banderas nacionalistas españolas y entonen su necrófilo himno en el metro de Barcelona. No soporto a mis conocidos que llevan años boicoteando los productos catalanes… porque con españoles de ese talante se entiende que los catalanes se quieran ir del estado español. No me gusta que los catalanes se inventen una historia ad hoc para crear nacionalistas catalanes como rosquillas insípidas. No me gusta que amigos y conocidos apelen al ejército como garantes de una pretendida sacrosanta unidad de España. Parece que están deseando ver a españoles reprimiendo a catalanes porque no se sientan españoles. Y eso pasa con el plácet de una constitución que sirvió en su momento, pero que ahora está superada. Ni me gusta ver a algunos de nuestros militares (aunque sean tres gatos) recordando entusiasmados cual es su función constitucional: mantener la unidad de España… y yo me preguntaría si hay que mantenerla por encima de la voluntad de un pueblo. La tarea constitucional de nuestro ejército debería ser mantener nuestra seguridad y defendernos de un enemigo externo, la pena es que está a sueldo de políticos nacionalistas que no quieren comprender otros nacionalismos tan ridículos como el suyo. Porque una cosa es que muchos o pocos catalanes sean unos antipáticos nacionalistas que se quieran marchar, y otra es que sean mis enemigos. Por mucho que lo diga la constitución, la unidad de una nación no se puede mantener a cañonazos… y si lo dice, hay que cambiarla.

…si en un piso cohabitan diez personas y dos se quieren marchar, no hay referéndum que valga. Si no hay posibilidad de convivir, se irán a otro lado. Cualquier otra componenda es un secuestro.

La Luz

18 septiembre, 2015

Isabel_Guerra_MonjaHace falta una evolución biológica sin precedentes, y un proceso cultural vertiginoso, para que algunos hombres sepan pintar la luz. He visto cuadros de Caravaggio —en no recuerdo cuales iglesias de Roma— que me han dejado sin habla. Cada vez que me detengo delante de las Meninas trato de entender cómo ese hombre se las apañaba para convertir una simple tela en un espacio profundo, usando apenas unos pigmentos coloreados. Y lo hacía alternando luz y penumbras… No entiendo cómo era capaz de construir tal volumen sobre una superficie.

Tampoco entiendo los brochazos que planteaba Sorolla en sus telas. Que cuando te acercas son manchas de color sin forma y sin aparente intención… ¡y cuando te alejas tres metros se convierten en luz sobre piel humana! ¿Cómo lo hace? ¿Qué composición neuronal ha ocurrido en esa mollera para crear tal belleza?

A veces, yo mismo he jugado con la luz tangencial del amanecer sobre la mesa de un laboratorio de pólvoras… A mi nivel, y con mis limitaciones, buscaba sombras y luces que normalmente pasan desapercibidas. No sé muy bien con qué intención buscaba no sé qué cosa…

Amanecer_Matraz_Amoniacal_02_DSCN6656Amanecer amoniacal‘, de la serie Fotos en un Tubo

Ayer caminé despacio con unos amigos, y conversamos de cosas tranquilas. A veces es indispensable sumergirse en la realidad sosegada, y dejar la política y las crisis en sus mundos hostiles. Es bueno distanciarse de lo áspero de la vida y crear un universo propio en el que quepan cosas amables. En la galería de arte exponía Isabel Guerra, una monja autodidacta a la que llaman ‘la pintora de la luz’. Y es cierto. Uno queda asombrado de la capacidad que tiene para crear resplandores. Decía Luis María Ansón en su panegírico sobre la pintora que «…no pinta las mujeres, las telas, las maderas, los cestos, las niñas, las frutas, las vasijas, las mesas, los bodegones. Eso son pretextos. Pinta las luces que los envuelven y dan forma»

Me dejó cavilando la idea-imagen que describe Ansón. Los hombres siempre dando vueltas sobre los mismos conceptos. De nuevo no existen las cosas, existe la luz que reflejan. Platón en estado puro.

La imagen: “Testigo de la esperanza”, 2014. Isabel Guerra. Tomado del catálogo LA MODERNIDAD DE UNA PINTORA. Exposición en el Centro Cultural Casa de Vacas. Parque del Buen Retiro, Madrid, 2015