Experimentar los contrastes

27 junio, 2015

El primer pueblo de la Mancha después de superar Despeñaperros era Almuradiel. Tiene nombre andalusí y cuando la vieja carretera Nacional IV lo atravesaba a todo lo largo, las aceras desplegaban decenas de tiendas que ofrecían sabores exquisitos, quesos manchegos, pan, vino, chorizos… Por entonces, cuando la globalización ni siquiera era una distopía de ciencia ficción, uno buscaba quesos sin etiqueta, caseros, sin control de sanidad; verdaderos quesos de autor, ¡y se encontraban! Y quién dice quesos, dice chorizos y vinos. Pero desde que hicieron las autovías, este tipo de pueblos ha muerto. Hace unos días atravesé la calle principal de Almuradiel y parecía un cementerio abandonado…

…me temo que casi siempre el progresó arrasa con lo sencillo, con el romanticismo y con las utopías. Lo global y hortera ha vencido sobre  la singularidad localista.

Luego, siguiendo la vieja Nacional IV llegabas a Santa Cruz de Mudela, con su caminillo de cipreses altos y tristes que sombreaba hasta el cementerio. Pero la autovía lo atravesó por medio y desde entonces los cortejos fúnebres discurren bajo el sol dando un rodeo. Hay una plaza en Santa Cruz de Mudela que se llena de niños y abuelos cuando templa la temperatura. Pero cuando hace frío es un pueblo tan desierto como Almuradiel. Es una ciudad de tres o cuatro mil habitantes. Correcta, no está sucia, tiene comercios, un centro cultural, farmacias, muy pocos bares, alguna cafetería, un mesón, un hotel… pero no es bonita. Apenas das un paseo aprendes que detrás de cada esquina no habrá nada sorprendente. Nada. Nunca.

En Santa Cruz de Mudela me miran. De alguna forma saben que soy forastero. Es un pueblo pequeño y se conocen todos los parroquianos. En las tres tardes que llevó aquí he descubierto que sólo tiene un lugar amable, la plaza del ayuntamiento, con sus juzgados, centro cultural y sus banquitos sombreados por árboles jóvenes. Incluso tiene el pueblo un cine Cervantes con aires de mitad del siglo XX.

Todas las tardes acabo sentado en uno de esos banquitos. Un grupo de madres jóvenes comen pipas y vigilan a sus criaturas… y de vez en cuando observo que me irán a hurtadillas. Hay también un buen número de abueletes distribuidos en grupos. Los abueletes no me miran. Unos charlan animadamente y otros solo miran al infinito. Tengo a mi lado, compartiendo banco, a un abuelete bien vestido y elegante. Está solo y no vigila a ningún nieto. Este va por libre. Hay una señora muy distinguida en silla de ruedas, es de las que se pintan el pelo de color blanco azulado. La chica que la empuja tiene una melena negra azabache, pero no he logrado comprobar si es sudamericana. Lo que si he visto en Santa Cruz de Mudela son señoras magrebies, con sus velos bien colocados, acompañadas de sus hijas con sus velos bien colocados. Y también hay negritos simpáticos e integrados en el pueblo, que hablan y bromean con las vecinas a voz en grito, mientras caminan por las calles estrechas y anodinas. No hay chinos en Santa Cruz de Mudela… de momento.

Aprovechando que suenan las campanas de la misa de ocho, me levanto y camino los doscientos metros pata visitar el templo. Es una iglesia robusta y vetusta, la de Nuestra Señora de la Asunción, del XVI, que parece de un gótico un tanto tardío. Una señora de pelo blanco reza en la segunda bancada. Un señor de pelo blanco camina con las manos en la espalda por la nave lateral. No hay nadie más, no hay misa de ocho. Un señor de mediana edad, atezado por el sol perenne de la calle, y con una mochila mugrienta en el suelo, pide limosnas en la puerta, como Dios manda.

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Jamás faltan las iglesias en los pueblos de las Castillas. Esta, la de Santa Cruz de Mudela, tiene delante una cruz de piedra a la que han arrancado el aguilucho fascista y ahora se supone que es un homenaje a los caídos en la guerra civil, sin distinción. Y tiene otra cruz que recuerda a la que los cruzados cristianos levantaron en este sitio después de vencer a los moros en la batalla de las Navas de Tolosa. Fueraparte de ese detalle ocurrido en el año 1212, no tiene nada más…

…por eso me estuve acordando de mis amigos patrimonialistas de la Isla de León, porque en San Fernando tenemos un patrimonio histórico extraordinario al que apenas sacamos partido. No hay nada mejor para redescubrir el patrimonio de tu pueblo que viajar a donde no lo hay…

…es el eterno recurso para percibir de nuevo lo que posees y de lo careces: experimentar los contrastes.

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La penumbra

10 junio, 2015

Por más luz que apliquemos jamás extinguiremos las sombras. Pero, ¡qué coño! Todas las cosas humanas, cualquiera de los asuntos que toquemos, lucen mejor cuando los iluminamos. Gracias a esos contrastes comprendemos los volúmenes, las distancias y los grises… esa cualidad indispensable de nos hace a los hombres estar en la penumbra… no ser luz y no ser sombra.

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En invierno, cuando llegaba al laboratorio, el Sol caía tangencialmente sobre la mesa de trabajo. Los matraces abandonados el día anterior regalaban entonces luces y sombras para el que las quisiera ver. Eran generosos dibujos en la superficie blanca. Y tan efímeros –el sol nunca se detenía lo suficiente- que provocaban la ansiedad de perderlos…

Sí… luces y sombras, el eterno dilema del hombre… ¿Cuándo entenderemos de corazón, que somos indisolubles, y que si hay sombras es porque hay luz al otro lado?

Mi bisabuelo secuestró a mi tío-tatarabuelo

2 junio, 2015

Cuando nació Álvaro, mi primer hijo, comencé a ser consciente de lo efímero de la vida, de la estrechura del tiempo y de todo lo que queda por hacer. En ese momento, entre mi hijo y la muerte nos interponíamos tres generaciones. Y, convencido de lo valioso de los recuerdos, retomé con ahínco el interrogatorio a los más veteranos de la familia.

A Mamina y Mamá Ana, mis dos abuelas, les pregunté por sus recuerdos de niñez, por sus padres y abuelos, por sus travesuras, sus pueblos y por las cosas que contaban sus propios abuelos de sus tiempos de niñez. Y así fui recuperando muchas historias familiares, seguramente tan tergiversadas y alteradas por el tiempo que difícilmente se parecen a la realidad. Historias tan antiguas que parecen fábulas…porque, es verdad lo que decía García Márquez, al final vivimos la vida que recordamos no la que realmente vivimos.

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Y así me encontré a Adriano Moreno Grigo, mi bisabuelo materno-paterno. Un notable personaje que nació en Alcalá de los Gazules (Cádiz) sobre 1865.  Las historias familiares cuentan que acabó encarcelado en el Presidio del Monte Hacho, en Ceuta, más o menos en 1900. Contaba mi abuela materna que su suegro Adriano tenía mucho carácter, a ella le había contado él mismo que una madrugada fue a buscar al médico del pueblo porque su hijo pequeño estaba muy enfermo, y el médico le dijo que se tranquilizara, que iría por la mañana. Y decía que cuando llegó, el niño había muerto. Así qué conforme entraba le tiró una plancha de hierro colado a la cabeza. Menos mal que falló y de esa se libró de ir a la cárcel…

Cuentan que era contrabandista. Conducía una reata de mulas, capitaneadas por Romera, a través de los alcornocales hasta el Peñón de Gibraltar. Allí las cargaba de tabaco, café y demás artículos ultramarinos, y volvían por separado hasta Alcalá. La reata por un lado y él por otro. De esa forma la guardia civil nunca lo pudo vincular con la carga y salía indemne. Hasta  qué un día lo pillaron in fraganti en el patio de su casa, cuando recogía la mercancía. El relato familiar cuenta que lo condenaron por contrabando y lo metieron preso en el Penal del Monte Hacho, en Ceuta, dejando en Alcalá a su hijo Manuel (que será mi abuelo materno) con sólo dos años. Pero esta es una historia endulzada. La realidad es más cruda…

La realidad es que Adriano planeó el secuestro del tío de su mujer, Juan Casas Pacheco, un hacendado de dinero y tierras. Por lo visto contrató a cuatro sicarios que lo apresaron a las cinco de la madrugada del miércoles, 19 de agosto de 1896, cuando se dirigía a sus tierras de la dehesa llamada el Lario, cerca del actual cortijo de la Palmosa. Le vendaron los ojos y lo encerraron en una cueva durante cuatro días. Entonces lo pusieron en libertad a condición de entregarles 30.000 reales… Imagino que la coacción debió ser creíble y contundente porque ni el secuestrado ni la familia del secuestrado colaboraron con la guardia civil para esclarecer los hechos. Sea como sea, el jefe de la Guardia Civil de Cádiz se personó en Alcalá de los Gazules dispuesto a proporcionar un castigo ejemplar, y a las pocas horas ya tenían preso a Adriano. Y después de alguna paliza de por medio (los tiempos eran los tiempos y los métodos, los métodos) mi bisabuelo había cantado por peteneras los nombres de los forajidos que le ayudaron a perpetrar el secuestro. Las autoridades judiciales pidieron dos penas de muerte y seis cadenas perpetuas para los encausados… No sabemos cómo se distribuyeron las mismas. Los hechos son que Adriano estuvo en el presidio de Ceuta desde 1900, y sobre 1914 ya era un preso ‘liberto’. Podía moverse por la ciudad sin abandonarla.

Cuentan que aprendió a leer y escribir en el presidio, por su cuenta. Y que cuando salió se buscó la vida como memorialista en una mesa del café Kim, allí redactaba cartas e instancias a una enorme masa de analfabetos que poblaba una ciudad en auge porque en esos años se convirtió en la capital del Protectorado español sobre Marruecos. Decía mi madre que cobraba un real el servicio, y que así se fue haciendo con un capital que fue engrosando jugando a las cartas en el Casino Centro Hijos de Ceuta. Se hizo con una finca de ganado en Calamocarro y vivía estupendamente criando y vendiendo reses, cabras y cerdos… Mi madre recuerda que ella y sus hermanos pasaban los veranos en esa  finca, y que durante los bombardeos republicanos en la Guerra Civil, Adriano acogió a muchas familias ceutíes que huían de la ciudad por miedo a las bombas.

Y siguió jugando a las cartas hasta que perdió la finca de Calamocarro y acabo sus días con otra mujer, pobre y en un pequeña chabola cerca del cuartel del Serrallo, criando cabras y vendiendo leche… Mi madre le recuerda en sus mejores tiempos con una enorme barba blanca, vestido de negro, con un sombrero cordobés de ala ancha y una cadena de oro que enganchaba un reloj de oro guardado en el bolsillo del chaleco negro… Todo un personaje Adriano. Sí.

Mientras tanto, en Alcalá, al poco de ingresar preso, había muerto su mujer, y sus hijos habían sido cuidados y criados por la familia de su cuñado… La historia del reencuentro entre el menor de sus hijos, Manuel, y su padre, es otra curiosa historia que otro día contaré. Todo a su tiempo.

Una ciudad amable

26 mayo, 2015

La ciudad es amable a las ocho de la mañana. Ella ronroneaba en la cama, y apenas ha emitido un gruñidito cuando me he levantado. No sé cómo lo hace, pero se integra en el colchón y se convierten ambos en un ser único. Por el contrario a servidor le repele el colchón, parece que me pateara los riñones llegada cierta hora.

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Y poco después, a las ocho y media de la mañana, la terraza del 44 aún no está colocada. Frente a la estatua ecuestre de Varela, el general franquista bilaureado, unos empleados municipales desmontan los paneles portátiles de propaganda electoral, aún con los caretos sonrientes mirándote seductores. Seguro que los que saben de estas cosas eligen las posturas, los gestos, los fondos y los colores hasta el último detalle. Los homo sapiens tenemos eso, que usamos pequeños detalles para categorizar a los individuos, y con un solo vistazo los hacemos amigos, enemigos, competidores o colaboradores… No sé, nunca he visto a ningún candidato fotografiado en su entorno habitual, en posturas casuales, realizando tareas propias de un ciudadano. Por contra, siempre los retratan en poses electorales, normalmente fingidas y forzadas. Y eso se me antoja el primer engaño.

Ahora que lo pienso, a lo peor los empleados que desmontan los paneles no son municipales, que me he enterado que hace años que los municipios no pueden contratar directamente a nadie, puede que pertenezcan a una subcontrata de una contrata externa. Y a los trabajadores los han empleado por tres horas, trabajan ocho y le pagan dos… No lo sé, que uno está aquí elucubrando con maldad, sin conocer las cosas. Pero casos similares los he conocido de primera mano. Y aquí seguimos, bajo el cascaron vacío de un ayuntamiento del XVIII, aceptando estas situaciones laborales como si tal cosa; como si fuera lo más normal del mundo asumir la precariedad laboral, porque nos han dicho que tenemos que ser productivos y competitivos, y nos han convencido de que eso significa agachar la cabeza y levantar el culo. Y si no te gusta ahí tienes la puerta, que mi empresa no es una ONG.  Sí, lo aceptamos como si no hubiera alternativa, como si fuera lo más normal del mundo…

…y lo es. Para nuestra desgracia, ya es la única normalidad aceptada por la inmensa mayoría. Pues nada, ya tenemos concejales electos. Los empleados precarios ya se han llevado los paneles con los caretos perfectos. Y la vida sigue debajo de un ayuntamiento ruinoso, a la sombra de un general de bronce cagado de palomas… y a pesar de todo, este lugar, San Fernando, me parece una ciudad amable.

No podemos esperar otra cosa en esta patética democracia formal

26 mayo, 2015

Los que saben de estas cosas aseguran que uno de los saltos evolutivos del homo sapiens ocurrió cuando comenzamos a cooperar, no a competir entre nosotros. La aparición de grupos humanos colaborativos supuso un enorme salto civilizatorio. Hasta los lobos aprendieron las ventajas de la colaboración en grupo frente al intento de cazar una pieza en solitario… tal vez por eso seamos tan parecidos. Actualmente, cuando los ciudadanos decidimos organizarnos en torno a la voluntad popular, lo que estamos haciendo es intentar continuar con la enseñanza atávica que nos distinguió como especie…

…hasta que los codiciosos globalizaron la economía con cantos de sirena y nos convencieron para que olvidáramos las ventajas del comportamiento colaborativo. Y lo hicieron así para que sus sacrosantas leyes del mercado no tuvieran cortapisas. Porque precisamente las sacrosantas leyes del mercado inciden, nutren y alimentan plenamente la codicia humana, ese germen autodestructivo que permanece en cada uno de nosotros. Esas leyes de libre mercado fomentan la competitividad individual y termina instaurando, en las sociedades humanas, el egoísmo más deleznable como algo inevitable y deseable. El capitalismo es eso, competencia feroz, es un paso atrás para la condición humana.

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La globalización económica —es decir, la explosión desmedida del capitalismo neoliberal— ha impuesto la competitividad como señal de éxito. Y lo ha hecho anulando la voluntad de la gente civilizada que, cuando organiza Estados como espacios de convivencia, lo hace para colaborar y para conseguir amparar al grupo, nunca para diseñar una cancha legislativa en la que competir hasta alcanzar el éxito personal y el exterminio del competidor.

Crear un Estado democrático debería suponer todo lo contrario. Supondría colaborar para que todos ganemos, para que nadie quede desamparado de los mínimos derechos humanos. Supondría buscar la igualdad de oportunidades para todos, y este es el verdadero corazón del asunto: la igualdad de oportunidades. Por contra, la globalización neoliberal nos ha impuesto un darwinismo social criminalizante, y son las élites poderosas las que se empeñan en que lo identifiquemos como la máxima expresión de libertad. Pero no es libertad… es una esclavitud. Las sacrosantas leyes del mercado suponen una determinante sociológica para la inmensa mayoría de la gente que nunca podrá dejar de ser pobre.

Organizar la convivencia democráticamente es un salto civilizado hacia adelante, pero imponer la competitividad como valor supremo desvirtúa el intento hasta hacerlo fracasar. Lo vemos cada día, en todos los lugares y en todos los aspectos de la vida…

…hoy, por ejemplo, nos hemos levantado en España con las ciudades empapeladas y con las radios y televisiones empantanadas con mensajes zalameros pidiendo el voto: ha comenzado otra campaña electoral. La segunda de 2015, y nos amenazan con más…

Es una campaña planteada como siempre, con desigualdad de oportunidades. Con unos partidos tradicionales muy visibles y otros prácticamente invisibles. Plantear plataformas mediáticas igualitarias para exponer ideologías, soluciones y métodos es impensable en este sistema. Lo que se hace es comprar un diseño estético de campaña, mercantilizar cuatro mensajes facilitos y repetirlos mientras quede dinero… Y para ganar hay que tener suficiente dinero. Y nada se presta a cambio de nada, no seamos ingenuos. La financiación de los partidos políticos en España ha sido el germen de una corrupción galopante… Y, por tanto, una causa de falseamiento democrático. Los que han gobernado ya tenían dueños a los que servir.

No existe la igualdad de oportunidades a la hora de exponer ideologías. No ganan las ideas per se, razonadamente digeridas, ni ganan las mayorías libres porque no hay libertad sin educación crítica (¡siempre la falta de educación!) Aquí ganan las ideas que placen al poder financiero. Son las que se convierten en las ideas mejor vendidas, las  más visibles… Y NO podemos esperar otra cosa en esta patética democracia formal.

Juan Correro. Lobo de mar

7 mayo, 2015

Estábamos en el pasillo de un hospital, y recuerdo que a Lobo de Mar se le iluminó la cara mientras contaba la pelea que tuvo con un atún en mitad del estrecho. Él ya estaba enfermo. Una mierda de cáncer intratable carcomía su cuerpo, y aún así había salido a navegar con sus sobrinos. Llegaron a Ceuta en el barquito, se comieron una paella en el Parque del Mediterráneo y a la vuelta lanzaron la potera sin muchas esperanzas. Decía que el bicho picó a las cinco de la tarde, y que eran las once y seguía peleando. Que cuando consiguieron subirlo a bordo se le clavó uno de los anzuelos en la pierna y mientras intentaba cortar aquello con unos alicates, el atún dio un último coletazo y saltó otra vez al agua…

Bueno —dijo—. Nos quedamos sin atún, pero cada uno, a su mane-ra, demostró que éramos capaces de conseguirlo. Un bicharraco con tanta vitalidad merecía vivir, tío.

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No hace mucho que nos conocíamos. Ellos —Lobo de Mar y su mujer— son amigos de mis hermanos. Y eso se percibe: hay personas con las que estableces corrientes de simpatía desde el primer momento y con ellos ocurrió así.

Recuerdo que su barquito estaba atracado en Marina del Este, cerca de Almuñecar, y a fuer de acompañar al grupo de amigos le fui conociendo. Era un cincuentón vital; alto, canoso, bien parecido, delgado y fornido. Corría, buceaba, visitaba diariamente el gimnasio. Llevaba una vida sana… Y hasta follaba todos los días, fanfarroneaba. Entusiasmado como un niño estaba con una aplicación de su móvil que le permitía identificar todas las estrellas del cielo…

Y se hacía muy duro oír a un hombre tan vital decir que los médicos no le daban esperanza, que lo único que le ofrecían era tiempo… y en esas circunstancias, cualquier tiempo siempre resulta escaso. Era muy difícil conversar de la muerte con un hombre al que aprecias… y el caso es que parecía que no existiera otro tema de conversación. Y se mostraba sorprendido y dolido… pero si yo he sido un tío sano toda mi vida, no he fumado, corría, buceaba, me cuidaba

Todos sabemos que la muerte nos acecha, pero nos dolía a todos que la suya tuviera fecha. Y le cuentas entonces tu experiencia… Fíjate en mi compi, desde que superó su cáncer no hacemos más planes que los inmediatos. Vivimos el día, sin pensar en el siguiente. Pero créeme, tío, no son palabras teóricas, es real: no hacemos planes. Vivimos a lo que salga…

Pero no creo que le sirviera de mucho. No sé… cuando hablamos por última vez habría dado cosas muy valiosas por ver feliz a Lobo de Mar.

No es difícil estar muerto, Milan —me dijo ese día—. Te lo digo de verdad. Lo malo es la espera

Hoy se te acabó el tiempo, compañero y sigo pensando lo mismo que tú…

…un bicharraco con tanta vitalidad merecía vivir, tío.

El ministro inglés que dimitió por una multa de tráfico

4 mayo, 2015

Si no recuerdo mal, la neurociencia explica cómo el cerebro humano crea expectativas posibles y está diseñado especialmente para percibir lo inesperado. Dicen que los sentidos de cada hombre proporcionan a las neuronas muchísima más información de la que somos conscientes (es una forma de explicar la capacidad del homo sapiens para tomar decisiones intuitivas, no basadas en conocimientos conscientes…), y que con esa enormidad de datos construimos las expectativas para los próximos minutos…

Es decir, en función de los datos que nos llegan del entorno, nos preparamos para lo que suponemos va a pasar y nos mantenemos alerta por si ocurre cualquier imprevisto. Dicho de otro modo, nuestro cerebro recibe mucha información del entorno y con ella decide si es seguro o si es posible el ataque inesperado de un depredador. Y ante esto último somos capaces de reaccionar con miedo cuando se fractura la expectativa creada… Esa reacción instantánea ante lo inesperado es una mejora evolutiva que nos ha permitido sobrevivir. Y todo esta explicación, que encaja para un cazador cromañón de hace cincuenta mil años, me ha servido hoy… He leído una noticia que me ha sorprendido.

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Lo esperable no supone por tanto una señal de alerta… por eso ya ni nos inmutamos cuando un día aparece en los medios de comunicación otro político corrupto del PP o del PSOE contando billetes o fardando de lo fácil que es enriquecerse a costa del dinero de todos… La corrupción de buena parte de la casta política ya no supone una salvedad, es lo común y nos han acostumbrado de tal forma que lo asumimos como normal. No nos altera… por eso les seguimos votando una y otra vez, a pesar de las evidencias de corrupción de esa casta de sinvergüenzas. Y me duele porque tengo amigos en el PP y en PSOE que han dejado retazos de sí mismos y han trabajado en esos partidos honestamente durante mucho tiempo. Los militantes honestos no merecen esos partidos que desvirtúan la democracia.

Lo que nos distingue de un lobo que no es detectar un árbol caído, es percibirlo como algo inesperado y preguntarnos por qué se ha caído. Hoy he leído que un ministro inglés ha dimitido porque no pagó una multa de tráfico… Qué fracaso es percibir esto como una excepción

Estos británicos, tan raros como siempre…

¡Estos británicos, tan raros como siempre!

ELECCIONES EN EL PAÍS DE LOS BORREGOS

2 mayo, 2015

Sin desperdicio

Un capítulo complejo

15 abril, 2015

El Cementerio de los Soldados

Publicado en El Castillo de San Fernando el 14 de Abril de 2015.

Llevo algunos meses recuperando datos históricos sobre un viejo cementerio militar. No sé qué pasará finalmente con toda la información que llevo recuperada, pero si algún día soy capaz de darle forma de libro comenzará así:

«Hay en San Fernando, a orillas de la Bahía de Cádiz, muy cerca de la llamada Casería de Osio, un cementerio olvidado pero repleto de historias y de algún héroe anónimo…»

Me gusta porque es un comienzo que promete historias, y puede que forme buenas expectativas en el hipotético lector. Es curioso, pero observando la gráfica que relaciona los enterramientos anuales en este cementerio se percibe una relación directa con las circunstancias históricas del siglo XIX en San Fernando. Cada pico de mortandad coincide con un hito histórico militar o sanitario… No sé, nunca había pensado estudiar el XIX a través del número de sepelios en un pequeño y remoto cementerio. ¡Cosas veredes, amigo…!

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Pero ando estos días dándole vueltas a la redacción de un capítulo un tanto complejo. Es la parte que relaciona el Cementerio de los Soldados (también se le conoce en San Fernando como Cementerio de los Franceses, de los Ingleses o de San Carlos) con fusilamientos de republicanos junto a sus muros y con los enterramientos clandestinos de esas víctimas en sus inmediaciones o en el propio solar del cementerio. No hay documentos. No hay evidencias. Sólo indicios y viejos relatos. Memoria oída a padres y abuelos. Los represores tuvieron toda una generación para ocultar las pruebas, o para destruirlas si es que alguna vez las hubo. Al fin y al cabo, para eso se ganan las guerras, para disfrutar de la impunidad conquistada.

Cuando se habla de represión fascista en San Fernando hay que recurrir inevitablemente a Trigo Tronzado, el libro que escribió y editó José Casado Montado en 1991… libro que denunciaron los descendientes de algún criminal (malparado en el recuerdo de Casado) y que un juez secuestró de las librerías…

…y hablar de Trigo Tronzado es hablar de sus fuentes documentales. José Casado Montado sisó la información de un Libro Único Secreto que mandó redactar el Iltmo. Sr. Vicario Capitular del Obispado mediante una orden especial. En ese libro se relacionan los…

«Feligreses de esta Iglesia Mayor Parroquial (I.M.) y de la de San Francisco de esta (S.F.) que asistidos en la hora de su muerte, decretada por Consejo de Guerra (C.G.) o por Ley de Guerra (L.G.), por Sres. Sacerdotes de la localidad, son anotados en este libro único secreto por orden especial del Iltmo. Sr. Vicario Capitular del Obispado (S.V.)…»

Por eso siempre hubo sacerdotes que confortaron espiritualmente a las pobres víctimas antes de cada fusilamiento. Y una vez confortadas se les aplicaba la justicia que repartían a balazos militares y falangistas, servidores todos ellos de la Cruzada de Liberación Nacional.

No sé cómo plantear este capítulo… Podría decir que en todas las guerras y en todos los bandos, cuando campa la impunidad, cuando desaparecen las reglas éticas y cuando se inventa una moral que justifica el crimen, aflora lo peor del ser humano (…sobre todo si ese ser humano ya contiene lo peor) Podría decir que el 18 de julio de 1936, en San Fernando triunfó la rebelión contra la II República Española desde el primer instante, y ocurrió lo que suele ocurrir en estos casos, que durante la Guerra Civil que se inició, y después de ella, los sublevadosrepresaliaron sin la menor oposición y con total impunidad a un número indeterminado de personas que no secundaron el Golpe de Estado. Podría decir entonces que demasiados ciudadanos fueron encarcelados en los calabozos del Ayuntamiento, en el Penal de Cuatro Torres de la Carraca y en el Presidio Naval de la Casería de Osio. Y que los más señalados, o los menos afortunados, fueron ejecutados por el supuesto crimen de haber sido servidores de la república, militares fieles al mandato democrático, políticos electos, hijos de políticos electos, sindicalistas o simplemente personas incómodas para los nuevos amos de la situación. Los unos, empoderados por la fuerza bruta de las armas, y los otros, detentadores de la nueva moral que justificaba la masacre. Y podría suavizar la cosa diciendo que es el mismo patrón criminal que se repite en todos los tiempos históricos, en todas las guerras fraticidas y en todos los colores políticos.

…pero no sé si estaría escribiendo con acritud. Esto, dicho así, no va a gustar a muchos o pocos. Y me gustaría ser conciliador en la redacción de este capítulo.

Estos días, en un hilo de facebook, releyendo un artículo de Vanessa Perondi (El quinto hombre del pelotón) he visto que el descendiente de una de las víctimas sólo quería saber dónde estaba su abuelo para llevarle una rosa… Y otro comentario señalaba que hoy día esparcimos las cenizas de nuestros difuntos y nos quedamos sin lugar físico dónde colocar esa rosa. Decía que los recuerdos permanecen en el corazón más que en un rincón concreto, y que mejor sería olvidar y enseñar a nuestros hijos y nietos a no repetir la historia…

Cerca ya de ochenta años nos separan de ese horror y aún siguen vivas dos posturas diametralmente opuestas, y aflorando penas en ambos lados. Unos, reclamando el cumplimiento de los más elementales derechos humanos para las víctimas, y otros suplicando la amnesia colectiva para evitar que se reabran viejas heridas.

Ya todo eso es historia, y no creo que la debamos olvidar. Lo que deberíamos hacer es superarlo de una puñetera vez, y hablar abiertamente, sin acritud, sin despecho, de lo que pasó. Los presuntos culpables ya están muertos. Y hasta Paul Preston habla del Holocausto Español cuando se refiere a la represión fascista. Porque la hubo y fue sistemática hasta exterminar todo asomo de regresión a la normalidad democrática. ¡Creo que eso es un hecho!

Pero, no sé… después de esta reflexión sigo sin saber cómo plantear estar cosas sin callar nada y sin generar rechazo. Veremos…

César

25 marzo, 2015

Hay un grupo de gorriones picoteando una corteza de pizza. La corteza está ahí delante, en el césped, al lado de una lata de cerveza y una bolsa de plástico. Es un poco caótica la escena. Los gorriones se molestan entre sí y no colaboran aunque haya comida de sobra para todos. Se les ve felices. A veces les envidio –a los gorriones, digo- y pienso que tienen una vida cómoda. No les preocupa el porvenir, ni les pesa el pasado. Seguro que duermen divinamente, del tirón, sin preocupaciones por el futuro de sus huevos. Tampoco tienen patria que les duela porque en el aire no hay fronteras… ni tienen  penas (creo) si un gato callejero se zampa a un compañero de vuelos y migajas. Se lo comento a Álvaro mientras terminamos el café, pero no está de acuerdo conmigo, dice que a lo peor están acosados por ácaros parásitos y no se pueden rascar a gusto; que parecen estresados, que comen compulsivamente como si fuera su última ingesta. Eso es que viven intensamente el momento, pienso yo. No creo que les preocupe otra cosa. Luego se van volando a otros aires, sin terminar la corteza, y es como si nunca hubieran estado allí… Aparentemente no han dejado nada trascendente para la posteridad, pero son parte indisoluble del mundo.

CesarMe dejó mil pesetas en 1974 y nunca se las devolví…

Ha muerto César, mi viejo amigo… y la vida sigue sin él. Y seguirá sin nosotros cuando hayamos muerto. Somos demasiado pequeños. La muerte no me hace pensar en ninguna inteligencia que nos observe como nosotros observamos a los gorriones. La muerte de César me deja quieto y pensativo. Le recuerdo joven y guapo, tenía éxito con las niñas. Simpático, siempre de buen humor. Hábil con las manos y generoso… una vez me dejó mil pesetas cuando con ese capital sobrevivías una semana en Torremolinos. Nunca se las devolví.

Desde los ocho años estuvimos juntos en el colegio de don Francisco Canto (ambos somos de formación PacoKantiana, por tanto), que estaba en el sótano de la casa de Luis, en Villajovita, un pequeño barrio de Ceuta, la pequeña ciudad española en el norte de África. Compartíamos el mismo pupitre, de esos que tenían un tintero de plomo alojado en un alveolo horadado en la madera. Un día tuvimos que aprender que la luz es la claridad que nos permite ver los objetos… y el jodido niño va y me dice que la luz era la claridad que nos permitía ver losojetes. O sea, el ojo oscuro del culo humano. Por lo visto me hizo tanta gracia que exploté en carcajadas incontenibles. Todo el colegio se calló y cuando el maestro se interesó por mi situación no podía contestarle… Más tarde, el puñetero César, me preparó otra de esas. Me preguntó: ¿Tú sabes cómo se reproducen las gallinas? Y cuenta que di un manotazo en el pupitre y dije: ¡Se reproducen por huevos! Y esta vez nos reímos los dos hasta que nos doblamos de dolor. El maestro nos mantuvo separados desde entonces… y la vida hizo lo propio. Pocas cosas son convergentes por aquí.

Pues sí, ahí quedaron el pupitre y el tintero de plomo, y quedó un instante eterno con mi viejo amigo César. Cuando pagué el café, en el césped seguían la corteza de pizza, la bolsa de plástico y la lata de cerveza. Los gorriones habían volado a cualquier sitio. A nosotros nos parece que viajan al azar, pero seguro que lo hacen siempre con un propósito…